Cuadros compuestos en varios estratos surgidos del deseo de pintar la Luz. Con una textura base que evoca la belleza de la escritura a mano, imágenes de paisajes, siluetas de iconos galaicos, se superponen sobre la textura manuscrita en composiciones con un foco central de luz como protagonista. Cada obra es una hoja del diario de un viajero imaginario, por tierra o mar. Los cuadros están realizados en mortero y acrílico sobre tabla de madera de abedul, con influencia de los conocidos maestros del grabado japonés, Hirosige y Hokusai, por los colores usados, las degradaciones de tonos y la firma en forma de sello.